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Rostros de la Pandemia: “La compasión puede llegar muy lejos”

Enfermera de primera línea en Basalt comparte su frustración por el aumento de casos de COVID así como también su optimismo por la vacuna

Scott Condon, Aspen Times
Traducción por Edgar Arroyo
La enfermera registrada Maria McHale recopila información antes de examinar a una persona para detectar COVID-19 en el autobús de MIRA en El Jebel el pasado jueves 16 de abril de 2020. (Kelsey Brunner
The Aspen Times)

La enfermera registrada Maria McHale posa para la foto en uno de los cuartos de examinación en la Clínica Familiar MidValley en Basalt, el pasado 24 de diciembre del 2020.

La enfermera registrada Maria McHale checa la presión de un compañero de trabajo en la sala de examinación de la Clínica Familiar MidValley en Basalt, el pasado 24 de diciembre del 2020.

La enfermera registrada Maria McHale le hace la prueba del COVID-19 a una persona en la unidad móvil MIRA en El Jebel el pasado 16 de abril del 2020.



Menos de un mes después que la pandemia de COVID-19 azotara el valle de Roaring Fork a mediados de marzo, la enfermera registrada Maria McHale estaba ayudando a las personas que se sentían enfermas. Ella y sus colegas no han dejado de hacerlo desde entonces.

El 16 de abril, McHale formó parte de un equipo que trabajó durante horas en una carpa abierta para realizar pruebas y exámenes de detección de personas con síntomas de COVID en El Jebel. Se encogieron de hombros al trabajar en temperaturas frías y con la nieve húmeda cayendo.



McHale, de 33 años, trabaja en la clínica familiar de MidValley, que se ha establecido como una rama sin fines de lucro para ofrecer pruebas y consultas de COVID a personas, independientemente de su capacidad de pago. La clínica también se asoció con Salud Pública del Condado Eagle y el programa MIRA para brindar exámenes y atención gratuita regularmente dentro de su unidad móvil en el área de El Jebel, enfocándose en la población inmigrante.

McHale habla español con fluidez, por lo que es un vínculo vital entre los proveedores de atención médica y la comunidad de inmigrantes. Pudo compartir con las personas las prácticas seguras y lo que tenían que hacer cuando estaban enfermas.

La enfermera registrada Maria McHale posa para la foto en uno de los cuartos de examinación en la Clínica Familiar MidValley en Basalt, el pasado 24 de diciembre del 2020. (Kelsey Brunner
The Aspen Times)

También, McHale reconoció que el trabajo puede ser estresante. Ha tratado a personas que más tarde debieron intubar debido a la gravedad de su enfermedad. “Al principio estaba asustada”, dijo McHale. “Eventualmente, tienes que superar el miedo”.

No quería llevar el virus a casa a su esposo e hijo pequeño, ni a su madre, quien es su principal proveedora de cuidado infantil.

A pesar de las preocupaciones, ha encontrado tres fuentes de inspiración. Primero, sabe que ella y sus colegas están brindando atención y educación que de otra manera no hubieran llegado a algunos de sus pacientes, particularmente al comienzo de la pandemia.

Los sitios de prueba gratuitos solo han proliferado recientemente en el valle. La clínica MidValley sigue siendo uno de los pocos lugares que atiende a pacientes en persona.

CAPTION: Rostros de la Pandemia. Una serie anual de Aspen Times que se enfoca en la gente detrás del cubrebocas que ha ayudado a nuestra comunidad a salir adelante en este 2020.

En segundo lugar, encuentra inspiración en sus amigos que trabajan en unidades de cuidados intensivos de hospitales locales. Dijo que son “héroes” que corren un mayor riesgo al cuidar a los más enfermos de COVID.

“Me considero una trabajadora de primera línea”, dijo, “pero no como las enfermeras de la UCI”.

La enfermera registrada Maria McHale checa la presión de un compañero de trabajo en la sala de examinación de la Clínica Familiar MidValley en Basalt, el pasado 24 de diciembre del 2020. (Kelsey Brunner
The Aspen Times)

McHale también se ha inspirado para ayudar a otros pensando en su propia familia. “¿Cómo me gustaría que trataran a mis padres?” ella se preguntó.

“Esto vale la pena”, dijo McHale sobre el esfuerzo.

Es frustrante para ella que después que el valle de Roaring Fork y las regiones adyacentes vieron una cantidad tan alta de casos de COVID la primavera pasada, no se tomaron más precauciones para evitar una actuación semejante.

“La segunda ola ha sido la gran decepción para mí”, dijo. “Se predijo que sería un invierno duro”, dijo. “Ahora lo estamos viendo”.

CAPTION: La enfermera registrada Maria McHale recopila información antes de examinar a una persona para detectar COVID-19 en el autobús de MIRA en El Jebel el pasado jueves 16 de abril de 2020.

A pesar de haber examinado y tratado a cientos de personas enfermas durante los últimos nueve meses, ha evitado la infección. Un sobrino que vivía con sus padres se enfermó, por lo que ella y toda su familia se hicieron la prueba.

McHale estuvo en confinamiento durante una semana mientras esperaba el resultado, que fue negativo. Eso amplió su comprensión y compasión por las personas que están luchando contra las enfermedades y problemas asociados, como perder el trabajo y no poder pagar las deudas.

“Me hizo darme cuenta, ‘Oh, vaya, esto es de lo que realmente están hablando'”, dijo McHale. “A veces no comprendes una situación completamente hasta que te ves en ella.”

“Parece que la mayoría de la gente quiere hacer lo correcto, pero también he aprendido que los roles socioeconómicos están impactando eso porque hay gente vive de cheque en cheque”, continuó McHale.

Las personas que continúan trabajando a pesar de la enfermedad lo hacen por necesidad y no por egoísmo.

“Tendría que decir que, si no tuviera a mi esposo, no podría quedarme en casa en confinamiento durante 14 días”, dijo. “Entonces, ya entiendo a la gente”.

Pero McHale también tiene un fuerte sentir sobre la responsabilidad individual durante una pandemia. Si una persona está lo suficientemente enferma o preocupada como para hacerse una prueba o recibir tratamiento, siente que tiene la obligación moral de tomar las medidas adecuadas para evitar la propagación del virus. Eso incluye el distanciamiento social, el uso de un cubrebocas y el confinamiento mientras esperan saber si tienen o no el virus.

“No se trata del resultado del laboratorio. Se trata de tomar las medidas adecuadas”, dijo.

La enfermera registrada Maria McHale le hace la prueba del COVID-19 a una persona en la unidad móvil MIRA en El Jebel el pasado 16 de abril del 2020. (Kelsey Brunner
The Aspen Times)

El personal de la clínica recibió sus vacunas contra el COVID el 18 de diciembre. McHale dijo que inicialmente se sintió culpable y “no merecedora” de estar entre las primeras personas en recibir la vacuna. Pero un día, mientras hablaba con sus colegas durante el almuerzo, se dio cuenta de que solo pueden cuidar a los demás si ellos mismos se mantienen sanos.

“No puedo esperar hasta que salga al público y no puedo esperar a ver el impacto que tiene”, dijo.

McHale tiene otro deseo para el Año Nuevo. “Sea amable con sus proveedores de salud porque están muy cansados”, dijo. “Estamos trabajando al doble. Estamos trabajando con COVID y los servicios de salud habituales. La compasión nos hace mucha falta”.


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