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Voleibol: Sus Mitos y Realidades

Karol Loera
Battle Mountain High School
Cada año es una nueva oportunidad para entrar a algún equipo. Si el primer año su hijo/hija no entra al equipo, el siguiente año es una oportunidad nueva.
Battle Mountain High School

Que los mitos del racismo sean cosa del pasado. A lo largo de los años, desde antes de entrar a la preparatoria, he escuchado ciertos rumores sobre el programa de voleibol. Decían “Necesitas mínimo un año de club” (es una actividad por la cual hay que pagar) y “es un deporte para sólo las americanas” fueron algunas de las ideas que escuchaba sobre los programas de voleibol en este condado. Nadie había hablado de alguna hispana que pudo mantener su lugar en el equipo por los cuatro años de la preparatoria. A los 14 años de edad, antes de entrar a la preparatoria estaba confundida, amaba este deporte que era inalcanzable según los rumores. Dejándome llevar por rumores, entre a Vail Volleyball Club, no sabía de las becas disponibles y no conocía a nadie. En esos pocos meses de club, solo otra compañera y yo éramos las únicas hispanas. Luego llegó el verano, muchos padres desanimaron a sus hijas porque “hay racismo y no te van a aceptar”. Sin embargo, llegue a prepararme física y mentalmente para la pretemporada a mediados de Julio. Tuve que tener disciplina y dedicación porque no entre a otro club de verano. Así que, use el parque local, y practique cada día. Corriendo cada mañana y practicando sola o con mi familia en las tardes. Llegó el momento que esperaba, el primer día de audiciones para el equipo de voleibol de la preparatoria. En mi mente, aunque me cortaran yo sabía que este era un riesgo que valía la pena intentar, no tenía nada que perder pero todo para ganar.

Hasta este día, recuerdo escuchar al entrenador decir “hay un mínimo de 10 niñas que miden 5 ‘4 entonces hay mucha competencia” luego él tomó una pausa revisando sus apuntes. “Quien es Karol Loera?” Alcé mi mano con miedo y él dijo “tienes unas de las mejores puntuaciones de correr y de tu salto vertical, alcanzaste 9 ‘1, impresionante”. En ese momento supe que todo mi esfuerzo durante todos esos meses, había valido la pena. Ahí es cuando los mitos solo eran mitos, no eran la realidad. A mí me juzgaron como jugadora, me vieron por mis estadísticas no por mi color. Pocos días después, entre al equipo de voleibol donde conocí a este programa como algo más que “el deporte de americanas” y lo vi como mi nueva familia.

Hoy en día, llevo tres años en este programa, entre al nivel más bajo cuando muchas se brincaron ese escalón, ahora son mis compañeras en el nivel más alto de este programa de voleibol. Este año fue el primero en donde tres hispanas llegaron al nivel de varsity cada una con su propia historia.



Entonces padres, les exijo no desanimar a sus hijos/hijas en cualquier deporte. No dejen esos mitos de racismo para detener a un atleta, no les quiten el sueño antes de poder intentarlo. Cada año es una nueva oportunidad para entrar a algún equipo. Si el primer año su hijo/hija no entra al equipo, el siguiente año es una oportunidad nueva. Hasta los atletas más famosos, no entraron a sus equipos de la preparatoria. Dejen que el amor de un deportista lo llene de motivación, que los mitos se queden mitos. Sí, habrá que trabajar duro y dedicarse para ser un buen atleta, pero eso es uno de los valores que enseña el deporte y que sirve de por vida. Apoyar a sus hijos a que hagan deportes en sus escuelas es además una manera de crear para ellos oportunidades de becas y de admisión a la universidad.

Tutor: Paola Baglietto




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